Vemos una imagen que ha captado nuestra atención mientras caminábamos con nuestra cámara: una arboleda con un contraluz perfecto que nos muestra un paisaje de ensueño. Hacemos la foto, pero al ver la copia impresa vemos que hay zonas más oscuras que las que recordamos haber visto, y tantas otras con increíbles reflejos y variedad de colores no se aprecian como en la original visión. Por otro lado se han captado cosas imposibles de distinguir en la imagen real, formas que solo al ser congeladas se hacen perceptibles o colores con diversa saturación.
Reconocemos entonces que aunque cercana a la realidad, la fotografía no es más que una especie de réplica que difiere en casi todo, tanto lo esencial (la profundidad) como lo formal. La fotografía nos brinda una imagen que puede llamarse análoga o parecida a la realidad, es una realidad vista a través de una especie de espejo empañado y que de una mágica manera, también es idéntica.
En una obra plástica, una pintura, la concepción de un “autor” para ella es natural. Es él quien da forma a la obra y nos brinda su interpretación del mundo… tenemos así las herramientas, la técnica y los materiales, y el autor los utiliza para crear formas compondrán finalmente la obra con la que se comunicará con el mundo exterior.
Pero, ¿qué sucede con la fotografía? La materia con que trabaja la fotografía es el propio mundo aparente, su imagen. Me pregunto ¿cómo puede concebirse que haya un autor en una imagen de este tipo? El mundo estaba allí y seguirá estando independientemente de lo que haga el fotógrafo. Es cierto que hay ciertos tipos de fotografías como una naturaleza muerta o la escenificación de una situación, en donde el fotógrafo puede acomodar los objetos o personas y crea lo que podría llamarse "una instalación artística", (no por nada Roland Barthes dice que la fotografía está más ligada al teatro que al cien) pero en el resto de las fotografías en donde se compone con lo existente, es muy difícil entender por dónde pasa la autoría.
Pero volvamos sobre lo maravilloso de la fotografía, esa capacidad de brindarnos una imagen análoga a la realidad, algo tan sorprendente que nos lleva a idealizar a la fotografía como una herramienta de registro perfecta para testimoniar el mundo aparente. Es esta responsabilidad con la que es cargada la fotografía, la que la hace doblarse sobre semejante peso. Pero solo en apariencia, una visión más profunda nos revela la verdadera naturaleza de la fotografía y en qué radica la posibilidad de que pueda existir el autor fotográfico.
La clave para develar esta inquietud está en la herramienta misma. Este método mecánico de registro que podría catalogarse de imperfecto o deficiente, si de captar la realidad tal y como es se trata, y con la cual podemos obtner una imagen parcial y distorsionada del mundo. Ateniéndonos a que la aspiración de la fotografía sí es captar la realidad lo mejor posible (captar un análogo perfecto), hay que reconocer que a pesar de lo mucho que nos maravilla ver una imagen fotográfica es mucho más lo que la fotografía no está captando que lo que capta. Captamos una imagen con múltiples distorsiones como la creada por la distorsión esférica o plana de los lentes, las limitaciones en el rango tonal captado (cantidad de valores o colores), la veracidad del color, etc., pero lo fundamentalmente diverso es que la fotografía solo puede captar un recorte de lo que es la amplitud de la visión humana. Y a pesar de todas estas limitaciones la fotografía sigue considerándose la mejor manera de retratar o captar la realidad. Es justamente esa incapacidad o limitación (maravillosa limitación) de no poder replicar la realidad es la que hace posible a la fotografía como arte. Si en cambio, la fotografía pudiera captar una escena tal cual y como la vemos o percibimos, en forma y amplitud, el arte fotográfico sería imposible. ¿Qué decisiones subjetivas y artísticas podrían volcarse en una imagen que es una réplica de algo que ya existe por si mismo y no nos necesita para existir? Una hipotética réplica de la realidad (además de ser físicamente imposible) no sería un análogo de la realidad, y no dejaría lugar para decisiones subjetivas de tipo interpretativas o expresivas. Una analogía en cambio, nos permite operar sobre ella entre ciertos límites con diversas decisiones que tienen que ver con lo que cada autor rescata de esa realidad completa. Es así que se hace posible el mensaje de autor, es decir, la autoría. Podemos concluir entonces en que son las limitaciones en la técnica fotográfica las que nos abren el catálogo de herramientas que nos permite volcar nuestro ”mensaje” sobre la imagen. La elección del punto de vista, el propio recorte, la sensibilidad de la película o el sensor, el tipo de lente, etc. hacen posible la existencia del autor.
¿En dónde pues reside la responsabilidad principal del autor en la obra fotográfica? Muchos hablan naturalmente de la elección del punto de vista, encuadre, tema, par de exposición, tipo de película, balance de blancos, etc… pero hay un factor anterior y esencial que es el que hace posible componer y como todo concepto esencial, es también muy simple, se trata de ni más ni menos que de los propios límites de la imagen. En la fotografía, la relación con los bordes del encuadre es esencial. Sin bordes no hay composición, si no existiesen los bordes, no habría un recorte de la realidad, tampoco habría analogía posible con ella, solo tendríamos la realidad misma, en la cual no se puede componer. La posibilidad de recorte es lo que nos permite componer fotográficamente y hace que ésta sea la decisión primera en toda fotografía. Pero cuando hablamos de recorte normalmente lo asociamos con la idea de elección temática, no de composición y autor, y es al descomponer el recorte que nos encontramos con esos cuatro bordes, con los límites de la imagen, sin ellos no se podría hacer que los objetos completen una composición. Todo lo que componemos en una foto está referenciado a los bordes. Una perspectiva es amplia u opresiva en relación a su cercanía a los bordes, una persona llega o se va en relación a la relación a su actitud hacia los bordes, las figuras geométricas que se forman con objetos o personas son recompuestas solo en función de los bordes. No solo esto, sino que la proporción entre los bordes también hace que existan los “géneros discursivos” que son cada formato fotográfico (3:4, 2:3, 1:1, etc). Los bordes de la fotos son los elementos siempre presentes, fundacionales de la autoría en la fotografía. Estamos hablando de una operación y pensamiento absolutamente gráfico. Es en el pensamiento gráfico en donde tiene lugar la autoría de una obra fotográfica. Es con ese lenguaje gráfico que se trabajan los temas y la composición.
Es entonces en los límites de la imagen y en las limitaciones de la fotografía donde reside su poder artístico y la posibilidad expresiva de su autor. Sin estas limitaciones no hay arte, sin los límites no hay autor, habría solo un método de registro y un mero registrador, y las fotos serían replicas mecánicas de la realidad sin capacidad de ser interpretadas. En cambio, gracias a la limitaciones de la técnica es que existe el lenguaje fotográfico y la fotografía se constituye como un arte verdaderamente sutil.
Fernando M. Sassone
Fernando Marco Sassone
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